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Mostrando entradas de septiembre 5, 2021

Elijo pasar este día en perfecta paz.

No me parece que pueda elegir experimentar únicamente paz hoy. Sin embargo, mi Dios me asegura que Su Hijo es como Él. Que pueda hoy tener fe en Aquel que afirma que soy el Hijo de Dios. Y que la paz que hoy elijo experimentar dé fe de la verdad de Sus Palabras.  El Hijo de Dios no puede sino estar libre de preocupaciones y morar eternamente en la paz del Cielo. En Nombre Suyo, consagro este día a encontrar lo que la Voluntad de mi Padre ha dispuesto para mí, a aceptarlo como propio y a concedérselo a todos Sus Hijos, incluido yo.  Así es como deseo pasar este día Contigo, Padre mío. Tu Hijo no Te ha olvidado.  La paz que le otorgaste sigue estando en su mente, y es ahí donde elijo pasar este día.

Que se acalle en mí toda voz que no sea la de Dios.

1. Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. No tengo otra ora­ción que ésta: que me des la verdad. Y la verdad no es sino Tu Volun­tad, que hoy quiero compartir Contigo. 2. Hoy no dejaremos que los pensamientos del ego dirijan nues­tras palabras o acciones. Cuando se presenten, simplemente los observaremos con calma y luego los descartaremos.  No desea­mos las consecuencias que nos acarrearían. Por lo tanto, no ele­gimos conservarlos. Ahora se han acallado. Y en esa quietud, santificada por Su Amor, Dios se comunica con nosotros y nos habla de nuestra voluntad, pues hemos decidido recordarle.

Mi ser es amo y señor del universo

1. Es imposible que me pase algo sin yo mismo haberlo pedido. 2Aun en este mundo, soy yo el que rige mi destino. 3Lo que sucede es lo que deseo. 4Lo que no ocurre es lo que no deseo que suceda. 5Tengo que aceptar esto. 6Pues de esta manera se me conduce más allá de este mundo a mis creaciones -las criaturas de mi volun­tad- , las cuales moran en el Cielo junto con mi santo Ser y con Aquel que me creó. 2. Tú eres el Ser a Quien Tú creaste como el Hijo, el cual crea como Tú y es uno Contigo. 2Mi Ser, que es señor y amo del universo, no es sino la perfecta unión de Tu Voluntad con la mía, la cual no puede sino asentir gustosamente a la Tuya, de modo que pueda extenderse hasta Sí Misma.

El pecado

1. El pecado es demencia.   Es lo que hace que la mente pierda su cordura y trate de que las ilusiones ocupen el lugar de la verdad.   Y al estar loca, la mente ve ilusiones donde la verdad debería estar y donde realmente está.   El pecado dotó al cuerpo con ojos, pues, ¿qué iban a querer contemplar los que están libres de pecado?   ¿Qué necesidad tendrían de vistas, sonidos o del tacto?   ¿Qué querrían oír o intentar asir?   ¿Qué necesidad tendrían de los sentidos?   Usar los sentidos es no saber.   Y la verdad sólo se compone de conocimiento y de nada más. 2.  El cuerpo es el instrumento que la mente fabricó en su afán por engañarse a sí misma. Su propósito es luchar. Mas la meta por la que lucha puede cambiar. Y entonces el cuerpo lucha por otro objetivo. Lo que ahora persigue lo determina el objetivo que la mente ha adoptado para substituir a la meta de engañarse a sí misma que antes tenía. La verdad puede ser su ...

El Hijo de Dios es mi identidad

1. La santidad de mi Ser transciende todos los pensamientos de santidad que pueda concebir ahora. Su refulgente y perfecta pureza es mucho más brillante que cualquier luz que haya contemplado jamás. Su amor es ilimitado, y su intensidad es tal que abarca dentro de sí todas las cosas en la calma de una queda certeza. Su fortaleza no procede de los ardientes impulsos que hacen girar al mundo, sino del ilimitado Amor de Dios Mismo. ¡Cuán alejado de este mundo debe estar mi Ser! Y, sin embargo, ¡cuán cerca de mí y de Dios! 2. Padre, Tú conoces mi verdadera identidad. Revélamela ahora a mí que soy Tu Hijo para que pueda despertar a la verdad en Ti y saber que se me ha restituido el Cielo.

No necesito nada más que la Verdad

  1.    Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo.  Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito.  Jamás necesité nada de lo que antes bus­caba, y ni siquiera lo quería.  No reconocía mi única necesidad. Pero ahora veo que solamente necesito la verdad.  Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin.  Ahora dispongo de todo cuanto podría necesitar. Ahora dis­pongo de todo cuanto podría querer. Y ahora, por fin, me encuen­tro en paz. 2. Y por esa paz, Padre nuestro, te damos gracias. Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituido, y ello es lo único que en verdad queremos.

Que no vea ninguna limitación en mí.

1. Permítaseme contemplar al Hijo de Dios hoy y ser un testigo de su gloria. Y que no trate de empañar la santa luz que mora en él y ver su fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad; que no perciba en él las deficiencias con las que atacaría su soberanía. 2. Él es Tu Hijo, Padre mío. Y hoy quiero contemplar su ternura en lugar de mis ilusiones.  Él es lo que yo soy, y tal como lo vea a él, me veré a mí mismo. Hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con él.

El perdón pone fin a todo sufrimiento y a toda sensación de pérdida.

1.El perdón nos ofrece un cuadro de un mundo en el que ya no hay sufrimiento, es imposible perder y la ira no tiene sentido. 2El ataque ha desaparecido y a la locura le ha llegado su fin. 3¿Qué sufrimiento podría concebirse ahora? 4¿En qué pérdida se podría incurrir? 5El mundo se convierte en un remanso de dicha, abun­dancia, caridad y generosidad sin fin. 6Se asemeja tanto al Cielo ahora, que se transforma en un instante en la luz que refleja. 7Y así, la jornada que el Hijo de Dios emprendió ha culminado en la misma luz de la que él emanó. 2. Padre, queremos devolverte nuestras mentes. 2Las hemos traicionado, sumido en la amargura y atemorizado con pensamientos de violencia y muerte. 3Ahora queremos descansar nuevamente en Ti, tal como Tú nos creaste.

Lo que sufre no forma parte de mí.

He abjurado de la verdad. Permítaseme ahora ser igualmente firme y abjurar de la falsedad. Lo que sufre no forma parte de mí. Yo no soy aquello que siente pesar. Lo que experimenta dolor no es sino una ilusión de mi mente.  Lo que muere, en realidad nunca vivió, y sólo se burlaba de la verdad con respecto a mí mismo. Ahora abjuro de todos los conceptos de mí mismo, y de los engaños y mentiras acerca del santo Hijo de Dios. Ahora estoy listo para aceptarlo nuevamente como Dios lo creó, y como aún es. Padre, mi viejo amor por Ti retorna, y me permite también amar nue­vamente a Tu Hijo. Padre, soy tal como Tú me creaste. Ahora recuerdo Tu A mor, así como el mío propio. Ahora comprendo que son uno.