1. El Nombre de Dios es sagrado, pero no es más sagrado que el tuyo. Invocar Su Nombre es invocar el tuyo. Un padre le da su nombre a su hijo y de este modo identifica a su hijo con él. Sus hermanos comparten su nombre, y así están unidos por un vínculo en el que encuentran su identidad. El Nombre de tu Padre te recuerda Quién eres incluso en un mundo que no lo sabe e incluso cuando tú mismo no lo recuerdas. 2. El Nombre de Dios no puede ser oído sin que suscite una respuesta, ni pronunciado sin que se produzca un eco en la mente exhortándote a recordar. Di Su Nombre y estarás invitando a los ángeles a que rodeen el lugar en el que te encuentras, a cantarte según despliegan sus alas para mantenerte a salvo y a protegerte de cualquier pensamiento mundano que quisiera mancillar tu santidad. 3. Repite el Nombre de Dios y el mundo entero responderá abandonando las ilusiones. Todo sueño que el mundo tenga en gran estima de repente desaparecerá, y allí donde parecía encontrarse hallarás una...
UCDM. Una forma de entrenar tu mente para ir soltando todo aquello que te impida Ser tú mismo, que no es otra cosa que el ego. Así tendrás una nueva percepción de lo cotidiano, buscando siempre tener paz y no querer tener la razón. Estás llamado a Ser Feliz!! Elije serlo!! El Milagro del Perdón no es otra cosa que la Extensión del Amor que nos ofrece el Padre a través del Espíritu Santo para recuperar la paz, dejar de juzgar a mi hermano y mirarlo con los ojos de Dios.