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Que se acalle en mí toda voz que no sea la de Dios.

1. Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. No tengo otra ora­ción que ésta: que me des la verdad. Y la verdad no es sino Tu Volun­tad, que hoy quiero compartir Contigo. 2. Hoy no dejaremos que los pensamientos del ego dirijan nues­tras palabras o acciones. Cuando se presenten, simplemente los observaremos con calma y luego los descartaremos.  No desea­mos las consecuencias que nos acarrearían. Por lo tanto, no ele­gimos conservarlos. Ahora se han acallado. Y en esa quietud, santificada por Su Amor, Dios se comunica con nosotros y nos habla de nuestra voluntad, pues hemos decidido recordarle.