Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de agosto 22, 2021

El mundo, qué es para tí?

¿Qué es el mundo para tí? Este mundo en el que creemos que todo lo que nos sucede es real, ni mas ni menos, es el mundo creado por el ego. Y como tal trata de justificarlo y fundamentarlo para mantenerlo. Mientras estamos aquí, en este mundo de ilusiones y de miedo, podemos elegir el mundo que deseamos percibir. Podemos elegir que este mundo irreal sirva a un propósito diferente: el perdón en lugar del ataque. Así, por un lado, hemos descrito el origen del mundo en el sistema de pensamiento de separación del ego y, por otro, cómo el Espíritu Santo utiliza este mismo mundo como aula para llevarnos a casa. (1:1-2) El mundo es una percepción falsa. Nació del error y no ha abandonado su fuente. Recordemos los principios importantes: las ideas no abandonan su fuente. La fuente del mundo es la falsa creencia de que nos hemos separado de Dios, haciendo realidad nuestro yo individual. Todo lo que surge de ese pensamiento erróneo debe ser, por lo tanto, también ilusorio, o "falsa percepció...

El miedo, de la clase que sea, no está justificado.

El miedo es un engaño. Da testimonio de que te has visto a ti mismo como nunca podrías ser y, por lo tanto, contemplas un mundo que no puede ser real. Ni una sola cosa en ese mundo es verdad. Sea cual sea la forma en que se manifieste, sólo da fe de tus ilusiones acerca de ti mismo. No nos dejemos engañar hoy. Somos los Hijos de Dios. El miedo no tiene cabida en nosotros, pues cada uno de nosotros es parte del Amor Mismo. ¡Cuán infundados son nuestros miedos! ¿Ibas acaso a permitir que Tu Hijo sufriese? Danos fe hoy para reconocer a Tu Hijo y liberarlo. Perdonémosle hoy en Tu Nombre, para poder entender su santidad y sentir por él el amor que Tú también sientes por él.

Qué es el Instante Santo?

El instante Santo es cualquier instante en el que escogemos un milagro en lugar de una ofensa, escogemos unirnos en vez de separarnos.  Por ejemplo, hay alguien con quien estás furioso, y de pronto eres capaz de cambiar de percepción y de pedir ayuda. Ese es un instante santo. Te beneficias tú y  tu hermano lo vez inocente, como el hijo amado de Dios que es. Y recuerda que para escoger el Instante Santo sólo se necesita a una de las personas que componen una relación, no necesariamente a los dos. Siempre es agradable cuando los dos están de acuerdo, pero esto no es necesario para que se produzca la sanación. Por tanto, si bien se necesitan dos personas para que ocurra un desacuerdo o una discusión, solo una es necesaria para el perdón. Se les perdona a ambas su creencia en la realidad de la separación cuando una de las personas recuerda que no está separada de la otra. ( Extracto del libro “Los cincuenta principios del Milagro” de Ken Wapnick)

Oración de confianza y abandono a la Voluntad del Padre

Oración al finalizar la jornada. Aquí estoy Señor, soy Tu hija muy amada,  vengo a entregarte esa parte de mi que no termina de despertar,  para que tú Voluntad se haga en mí.  Espíritu Santo, Espíritu de Bondad y Amor.  Te entrego a Ti: Este sufrimiento (….digo lo que deseo entregar)  Se que forma parte del sueño de este mundo,  de dolor, dudas, miedo y culpa,... te lo entrego para que lo Expíes  y me muestres el Amor y la bondad. Expía causa y efecto  y también las consecuencias de mis pensamientos  en relación a esta situación de pérdida y dolor  según el pensamiento de este mundo ilusorio.  Muéstrame cómo entender la situación  y dame señales para que yo pueda entenderlas  y vivir en paz y feliz...   Sólo el Amor es real y lo reconozco  en todo y en todos.  Se que el dolor y la tristeza es de este mundo,  por eso te lo entrego para que tu Espíritu sane en mi  lo que me hace viv...

Mía es la gloria de mi Padre.

1. No permitamos hoy que la verdad acerca de nosotros se oculte tras una falsa humildad. 2Por el contrario, sintámonos agradeci­dos por los regalos que nuestro Padre nos ha hecho. 3¿Sería posi­ble acaso que pudiéramos advertir algún vestigio de pecado o de culpa en aquellos con quienes Él comparte Su gloria? 4¿Y cómo podría ser que no nos contásemos entre ellos, cuando Él ama a Su Hijo para siempre y con perfecta constancia, sabiendo que es tal como Él lo creó? 2. Te damos gracias, Padre, por la luz que refulge por siempre en no­sotros. 2Y la honramos porque Tú la compartes con nosotros. 3Somos uno, unidos en esa luz y uno Contigo, en paz con toda la creación y con nosotros mismos.

Hoy tengo la libertad de volver a elegir.

Aquello que pienso de mis hermanos es lo que pienso de mí. La manera en que veo a mis hermanos es la manera en que me veo a mí mismo. Parece que es la percepción la que te enseña lo que ves. Sin embargo, lo único que hace es dar testimonio de lo que tú enseñaste. Es el cuadro externo de un deseo: la imagen de lo que tú querías que fuese verdad. (T.24.VII.8:8-10) ¿De qué otra manera podrías poner de manifiesto al Cristo en ti, sino contemplando la santidad y viéndolo a Él en ella? (T.25.I.2:1). En otras palabras, tú manifiestas al Cristo en ti al contemplar a tus hermanos y ver al Cristo en ellos. La percepción te dice que tú te pones de manifiesto en lo que ves (T.25.I.2:2). La percepción es la elección de lo que quieres ser, del mundo en el que quieres vivir y del estado en el que crees que tu mente se encontrará contenta y satisfecha… Te revela lo que eres tal como tú quieres ser. (T.25.I.3:1,3) Si no oculto la verdad de mi propia gloria, no puedo ocultar la de mi hermano. “Lo que es...

La salvación: La visión de Cristo donde no hay sufrimientos

L.pII.2.4:2-5 Cuando acudimos diariamente a este santo lugar, echamos una pequeña ojeada al mundo real, “nuestro sueño final” (4:2). En el instante santo vemos con la visión de Cristo, en la que no hay sufrimiento. Se nos permite tener “un atisbo de toda la gloria que Dios nos ha dado” (4:3). El propósito del Curso es que vengamos al lugar donde obtenemos esta visión y la llevamos con nosotros siempre, el lugar donde nuestra mente cambia de tal manera que vemos sólo el mundo real, y vivimos la vida como un instante santo continuo y eterno. Ese momento puede parecer muy lejos de mí, pero está mucho más cerca de lo que creo, y en el instante santo lo siento como ahora. Venir repetidamente al instante santo, sumergir nuestra mente en la visión del mundo real, es la manera en que este mundo se convierte en la única realidad para nosotros, el sueño final antes de despertar. En este sueño feliz, “La tierra nace de nuevo desde una nueva perspectiva” (4:5). Las imágenes de brotar la hierba, lo...

La salvación depende de mi decisión.

1. Padre, Tu confianza en mí ha sido tan grande que debo ser digno de ella. 2Tú me creaste y me conoces tal como soy. 3Y aun así, pusiste en mis manos la salvación de Tu Hijo y dejaste que dependiera de mi deci­sión. 4¡Cuán grande debe ser Tu amor por mí! 5Y mi santidad debe ser asimismo inexpugnable para que hayas puesto a Tu Hijo en mis manos con la certeza de que Aquel que es parte de Ti, y también de mí, puesto que es mi Ser, está a salvo. 2. Y así, hoy volvemos a hacer otra pausa para pensar en lo mucho que nos ama nuestro Padre. 2Y cuán querido sigue siendo para Él Su Hijo, quien fue creado por Su Amor y en quien el Amor de Su Padre alcanza su plenitud.

Ahora he de ser tal como Dios me creó

Hoy aceptaré la verdad acerca de mí mismo.  Me alzaré glorioso, y dejaré que la luz que mora en mí irradie sobre el mundo durante todo el día. Le traigo al mundo las buenas nuevas de la salvación que oigo cuando Dios mi Padre me habla. Y contemplo el mundo que Cristo quiere que yo vea, consciente de que pone fin al amargo sueño de la muerte; consciente de que es la llamada que mi Padre me hace. Cristo se convierte hoy en mis ojos, y en los oídos que escuchan hoy la Voz que habla por Dios. Padre, vengo a Ti a través de Aquel que es Tu Hijo, así como mi verdadero Ser. Amén.

Gobierno mi mente la cual yo solo debo gobernar

Tengo un reino que gobernar. Sin embargo, a veces no parece que yo sea su rey en absoluto, sino que parece imponerse sobre mí, y decirme cómo debo pensar y actuar y lo que debo sentir. No obstante, se me ha dado para que sirva cualquier propósito que yo perciba en él. La única función de mi mente es servir. Hoy la pongo al servicio del Espíritu Santo para que Él la use como mejor le parezca. De esta manera, soy yo quien dirige mi mente, que sólo yo puedo gobernar. Y así la dejo en libertad para que haga la Voluntad de Dios. Padre, mi mente está dispuesta hoy a recibir Tus Pensamientos y a no darle entrada a ningún pensamiento que no proceda de Ti. Yo gobierno mi mente, y te la ofrezco a Ti. Acepta mi regalo, pues es el que Tú me hiciste a mí.

Dios, en Su misericordia, dispone que yo me salve.

Tan sólo necesito contemplar todo aquello que parece herirme, y con absoluta certeza decirme a mí mismo: "La Voluntad de Dios es que yo me salve de esto", para que de inmediato lo vea desaparecer. Tan sólo necesito tener presente que la Voluntad de mi Padre para mí es felicidad, para darme cuenta de que lo único que se me ha dado es felicidad. Tan sólo necesito recordar que el Amor de Dios rodea a Su Hijo y mantiene su inocencia eternamente perfecta, para estar seguro de que me he salvado y de que me encuentro para siempre a salvo en Sus Brazos. Yo soy el Hijo que Él ama. Y me he salvado porque Dios en Su misericordia así lo dispuso. Padre, Tu Santidad es la mía. Tu Amor me creó e hizo que mi inocencia fuese parte de Ti para siempre. No hay culpabilidad o pecado en mí, puesto que no los hay en Ti.

Padre, hoy vuelvo a ser Tu Hijo.

Hoy vislumbraremos el momento en que los sueños de pecado y de culpa hayan desaparecido y hayamos alcanzado la santa paz de la que nunca nos habíamos apartado. Sólo un instante ha transcurrido entre la eternidad y lo intemporal. Y fue tan fugaz, que no hubo interrupción alguna en la continuidad o en los pensamientos que están eternamente unidos cual uno solo. Jamás ocurrió nada que perturbase la paz de Dios el Padre ni la del Hijo. Hoy aceptamos la veracidad de este hecho. Te agradecemos, Padre, que no podamos perder el recuerdo de Ti ni el de Tu Amor. Reconocemos nuestra seguridad y Te damos las gracias por todos los dones que nos has concedido, por toda la amorosa ayuda que nos has prestado, por Tu inagotable paciencia y por habernos dado Tu Palabra de que hemos sido salvados.