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La dinámica del Ego: El miedo y la culpa

El miedo y la culpa El Curso afirma que la base de nuestras dificultades es el problema de la autoridad (T-3.VI.7:2), un concepto psicológico que se redefine en términos religiosos. En la opinión del Curso este problema se apoya en la creencia de que nosotros, en lugar de Dios, nos creamos a nosotros mismos. Esta extraña creencia es ilustrada por el actual énfasis de la psicología en el “concepto del yo”, lo cual implica que nos corresponde a nosotros definir y cambiar nuestra realidad como mejor nos convenga. Esto puede considerarse como una versión moderna de la situación que se encuentra en el libro del Génesis, en que Adán y Eva decidieron que querían ser “distintos” a Dios y querían tener una voluntad que estuviera separada de la Suya. La Biblia no da una explicación real de cómo ni por qué esto pudo haber ocurrido, así como tampoco el Curso se interesa en este asunto. Como señala éste, ¿por qué interesarnos en la razón por la cual algo sucedió en el pasado cuando todavía está suc...

Qué es el cuerpo?

1. El cuerpo es una cerca que el Hijo de Dios imagina haber construido para separar a unas partes de su Ser de otras. Cree vivir dentro de esa cerca, para morir a medida que ésta se deteriora y se desmorona. Pues cree estar a salvo del amor dentro de ella. Al identificarse con lo que considera es su seguridad, cree ser lo que ésta es. ¿De qué otro modo, si no, podría estar seguro de que permanece dentro del cuerpo y de que mantiene al amor afuera? 2. El cuerpo no perdurará. Sin embargo, para él eso supone una doble seguridad. Pues la temporalidad del Hijo de Dios es la “prueba” de que sus cercas funcionan y de que están llevando a cabo la tarea que su mente les asignó. Pues si su unidad aún permaneciese intacta, ¿quién podría atacar y quién podría ser atacado? ¿Quién podría ser el vencedor? ¿Quién la presa? ¿Quién podría ser la víctima? ¿Quién el asesino? Y si él no muriese, ¿qué “prueba” habría de que el eterno Hijo de Dios puede ser destruido? 3. El cuerpo es un sueño. Al igual que o...

Padre, no permitas que hoy me perciba diferente

  1.   Padre, sólo tienes un Hijo.   Y es a él a quien hoy deseo contemplar.   Él es Tu única Creación.   ¿Por qué habría de percibir miles de formas en lo que sigue siendo uno solo?   ¿Por qué habría de darle miles de nombres, cuando uno solo basta?   Pues Tu Hijo tiene que llevar Tu Nombre, ya que Tú lo creaste.   Que no lo vea como algo ajeno a su Padre o a mí.   Pues él es parte de mí así como yo de él, y ambos somos parte de Ti que eres nuestra Fuente.   Estamos eternamente unidos en Tu Amor y somos eternamente el santo Hijo de Dios. 2. Nosotros que somos uno, queremos reconocer en este día la verdad acerca de nosotros. Queremos regresar a casa y descansar en la unidad. Pues allí reside la paz, la cual no se puede buscar ni hallar en ninguna otra parte.

Dios es mi refugio y seguridad

1. Me identificaré con lo que crea que es mi refugio y seguridad. Me veré a mí mismo allí donde percibo mi fuerza y pensaré que vivo dentro de la ciudadela en la que estoy a salvo y no puedo ser atacado. Que hoy no busque seguridad en el peligro ni trate de hallar mi paz en ataques asesinos. Vivo en Dios. En Él encuentro mi refugio y fortaleza. En Él radica mi Identidad. En Él reside la paz eterna. Y sólo allí recordaré Quién soy realmente. 2. Que no vaya en pos de ídolos, Padre mío, pues lo que quiero es volver a casa y estar Contigo. Elijo ser tal como Tú me creaste y encontrar al Hijo que creaste como mi Ser

Que recuerde que Dios me creó.

1. Padre, yo no me creé a mí mismo, aunque en mi demencia creí que así había sido. No obstante, en cuanto que Pensamiento Tuyo, no he abandonado mi Fuente y sigo siendo parte de Aquel que me creó. Tu Hijo, Padre mío, Te llama hoy. Que recuerde que Tú me creaste. Que recuerde mi Identidad. Y que deje que mi impecabilidad vuelva a alzarse ante la visión de Cristo, a través de la cual deseo hoy contemplar a mis hermanos y contemplarme a mí mismo. 2. Ahora recordamos nuestra Fuente y en Ella encontramos por fin nuestra verdadera identidad. Somos en verdad santos porque nuestra Fuente no conoce el pecado. Y nosotros que somos Sus Hijos, somos semejantes los unos a los otros y semejantes a Él.

Qué es el pecado?

1. El pecado es demencia. Es lo que hace que la mente pierda su cordura y trate de que las ilusiones ocupen el lugar de la verdad. Y al estar loca, la mente ve ilusiones donde la verdad debería estar y donde realmente está. El pecado dotó al cuerpo con ojos, pues, ¿qué iban a querer contemplar los que están libres de pecado? ¿Qué necesidad tendrían de vistas, sonidos o del tacto? ¿Qué querrían oír o intentar asir? ¿Qué necesidad tendrían de los sentidos? Usar los sentidos es no saber. Y la verdad sólo se compone de conocimiento y de nada más. 2. El cuerpo es el instrumento que la mente fabricó en su afán por engañarse a sí misma. Su propósito es luchar. Mas la meta por la que lucha puede cambiar. Y entonces el cuerpo lucha por otro objetivo. Lo que ahora persigue lo determina el objetivo que la mente ha adoptado para substituir a la meta de engañarse a sí misma que antes tenía. La verdad puede ser su objetivo tanto como las mentiras. Y así, los sentidos buscarán lo que da fe de la ver...

Que recuerde que el pecado no existe.

1. El pecado es el único pensamiento que hace que el objetivo de alcanzar a Dios parezca irrealizable. ¿Qué otra cosa podría impedirnos ver lo obvio o hacer que lo que es extraño y distorsionado parezca más claro? ¿Qué otra cosa sino el pecado nos incita a atacar? ¿Qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente de la culpa y exigir castigo y sufrimiento? ¿Y qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente del miedo, al eclipsar la Creación de Dios y conferirle al amor los atributos del miedo y del ataque? 2. Padre, hoy no quiero ser presa de la locura. No tendré miedo del amor ni buscaré refugio en su opuesto. Pues el amor no puede tener opuestos. Tú eres la Fuente de todo lo que existe. Y todo lo que existe sigue estando Contigo, así como Tú con ello.