Nuestra Identidad es solo Amor, no porque uno lo decida, es porque el Padre creó a Su Hijo a Su Imagen y Semejanza, esto es eterno, no se puede cambiar, no se puede anular, se puede negar, pero esta negación no hace que cambie la decisión de Dios. La verdadera creación está fundamentada en el amor, toda Su Creación es amor, por lo mismo nosotros el Hijo de Dios somos amor, y solo en el mundo de la dualidad, de la mentira del ego esto puede ser considerado diferente. Las relaciones santas se apoyan sobre esta base, y lo único que nos detiene para llegar a esta experiencia es la falta de perdón, ese perdón que abre la puerta a la Luz que proviene del Padre, que nos conduce de regreso a la Fuente, que nos hace experimentar la paz, que hace que ya no nos apartemos de la faz de Cristo, permaneciendo a salvo, llenándonos de gratitud.
“Busco mi verdadera Identidad, y la encuentro en estas palabras: ‘Soy Amor, pues el Amor fue lo que me creó’. Ahora no necesito buscar más. El Amor ha prevalecido. Ha esperado tan quedamente mi regreso a casa, que ya no me volveré a apartar de la santa faz de Cristo. Y lo que contemple dará testimonio de la verdad de la Identidad que procuré perder, pero que mi Padre conservó a salvo para mí… Padre, te doy gracias por lo que soy, por haber conservado mi Identidad inalterada e impecable en medio de todos los pensamientos de pecado que mi alocada mente inventó. Y te doy gracias también por haberme salvado de ellos. Amén… El Amor, que es lo que me creó, es lo que soy.” L.229)
El ataque, como opuesto, proviene de la mente que vive en desamor, detiene nuestra verdadera función. Los instantes en que nos damos una tregua no son suficientes para salir del sueño de pesadilla, porque la tregua es solo eso, una tregua de una guerra que en algún momento continuará porque aún no nos hemos perdonado, aun seguimos condenándonos y condenando al Hijo de Dios.
El aprendizaje de la lección olvidada es a través de nuestras relaciones, ya que cada relación nos da la oportunidad del perdón y el amor y unirnos a la voluntad de Dios. El proceso se hace más ligero si le solicitamos al Espíritu Santo Su apoyo, si cada día al despertar le pedimos que conduzca cada pensamiento, que los lleve ante Su visión y sea con ésta con la que tomemos decisiones todo el día, y Él nos señalará el propósito de este mundo.
Es necesario en este proceso recordar que Él no resolverá nuestros problemas, porque eso sería pedir que entrara al mundo irreal e ilusorio, el inexistente, lo que sí hace es dirigir cada pensamiento para cambiar nuestra visión del mundo, y así poder resolver con una visión corregida.
No importará así ya el ayer ni el mañana, ni el pasado ni el futuro, solo el día presente en que decidimos unirnos, decidimos sanarnos y liberarnos, y con ello apoyamos en la liberación de nuestro hermano.
Lindo día nos regala Dios hoy. Te amo. Namaste.
Comentarios
Publicar un comentario
Aquí estoy para responder a tus dudas y comentarios.
Qué puedo hacer por ti?