El ego mantiene siempre una paradoja, y en ella nos lleva a creer que nuestra realidad es el cuerpo, y que sin el cuerpo moriremos, o aún estando en el cuerpo de todas formas moriremos.
Linda mentira del ego, como todo lo que él enseña.
La paradoja es que el ego trata de que introduzcamos nuestra atención en el cuerpo que es transitorio, y de esta forma mantenernos en el miedo que representa la muerte, y que nos conectemos más con el cuerpo por el miedo de morir, y cada día nos alejemos más de nuestro espíritu que es perfecto, inmutable y eterno.
Como extensiones de Dios mantenemos Sus Cualidades, y para Él no existen el tiempo ni el espacio, para Él no existen pasado, presente o futuro, solo el eterno presente lleno de amor y de inmensa paz.
“¿Y qué es ese cuerpo vestido de negro que quieren enterrar?
Es un cuerpo que ellos consagraron a la muerte, un símbolo de corrupción, un sacrificio al pecado, ofrecido a éste para que se cebe en él y, de este modo, siga viviendo; algo condenado, maldecido por su hacedor y lamentado por todos los miembros de la procesión fúnebre que se identifican con él.
Tú que crees haber sentenciado al Hijo de Dios a esto eres arrogante. Pero tú que quieres liberarlo no haces sino honrar la Voluntad de su Creador. La arrogancia del pecado, el orgullo de la culpabilidad, el sepulcro de la separación, son todos parte de tu consagración a la muerte, lo cual aún no has reconocido.
El brillo de culpabilidad con el que revestiste al cuerpo no haría sino destruirlo. Pues lo que el ego ama, lo mata por haberle obedecido. Pero no puede matar a lo que no le obedece.” (T.19.IV.C.i.4)
La muerte es concebida por el ego que extiende una sombra en la conciencia de todo ser viviente, esa parte de la mente que se conecta con Dios, porque el ego es el enemigo de la vida y la resurrección. Dentro del sistema de pensamiento del ego no existe una salida o escapatoria, la muerte siempre está presente, su sistema representa miedo, cuerpos, culpa que es la tenebrosa sombra, y el castigo final.
El Espíritu Santo nos enseña que la vida es Dios, que representa amor, paz, alegría, dicha, unidad, conocimiento, Él nos dice que para salir de este error solo necesitamos soltar los pensamientos de culpa, y que esto lo logramos si nos perdonamos los errores de decisión tomados en el pasado.
Un Curso de Milagros presenta que es precisamente la atracción a la muerte (tercer obstáculo para la paz) donde se presenta la paradoja del ego, ya que sentimos miedo a la muerte pero en realidad mantenemos una oculta atracción hacia ella, y a través de diversas actitudes, formas de pensamiento, por ejemplo en el atacar a otros mantenemos dicha atracción.
También lo está al declarar que el cuerpo puede ser símbolo de placer o de dolor, ya que el dolor siempre nos conecta con la culpa y con la muerte, tanto como el atacar a otros también nos conduce a la muerte, porque a nivel inconsciente el ataque es un deseo de matar a la persona.
La muerte es observada como testigo último de la realidad aparente del cuerpo y de la separación de nuestro Creador Que es Vida. Si el cuerpo muere entonces tiene que haber vivido, lo que significa que su creador –el ego– tiene que ser real y estar igualmente vivo.
“El pecado, la culpabilidad y la muerte se originaron en el ego, en clara oposición a la vida, a la inocencia y a la Voluntad de Dios Mismo.
¿Dónde puede hallarse semejante oposición, sino en las mentes enfermizas de los desquiciados, que se han consagrado a la locura y se oponen firmemente a la paz del Cielo? Pero una cosa es segura: Dios, que no creó ni el pecado ni la muerte, no dispone que tú estés aprisionado por ellos.
Pues Él no conoce ni el pecado ni sus resultados. Las figuras amortajadas que marchan en la procesión fúnebre no lo hacen en honor de su Creador, Cuya Voluntad es que vivan. No están acatando Su Voluntad, sino oponiéndose a ella.” (T.19.IV.C.i.3)
Muerte y culpabilidad van unidas en el sistema de pensamiento del ego, así que cuando permitimos que él nos conduzca las señales que enviamos al exterior siempre llevan este contenido, es nuestra única forma de comunicación, así que los mensajes que regresarán a nosotros serán iguales, porque la sombra de muerte del ego se extiende sobre toda cosa viviente y la observa como el enemigo de la vida, como el enemigo de Dios.
Si por el contrario todas las señales que enviamos al exterior provienen de un mensaje del Espíritu Santo, lo que va a regresar a nosotros son señales similares, son señales de perfección, felicidad, amor, de vida y paz y eternas, tan eternas como lo es la Creación de Dios.
Lindo día nos da Dios hoy. Bendecidos somos. Te amo. Namaste.
Georgina Arteaga-Carlebach
Estoy aquí únicamente para ser útil.
Estoy aquí en representación de Aquel que me envió.
No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni por lo que debo hacer, pues Aquel que me envió me guiará.
Me siento satisfecho de estar dondequiera que Él desee, porque sé que Él estará allí conmigo.
Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar.
(UCDM. T-2.V.18:2-6)
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