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La percepción verdadera


“Los milagros reorganizan la percepción y colocan todos los niveles en su debida perspectiva. Esto cura ya que toda enferme­dad es el resultado de una confusión de niveles… Los milagros te capacitan para curar a los enfermos y resucitar a los muertos porque tanto la enfermedad como la muerte son invenciones tuyas, y, por lo tanto, las puedes abolir. Tú mismo eres un milagro, capaz de crear a semejanza de tu Creador. Todo lo demás no es más que tu propia pesadilla y no existe.4Sólo las creaciones de luz son reales.” (T.1.I.23-24)


El mundo que observamos depende siempre desde qué visión lo hacemos: ¿ego o Espíritu Santo? Los milagros lo que hacen es reorganizar la percepción de los niveles que están confundidos que son los de la mente, y recordando que solo en el mundo irreal y dual del ego existen los niveles, los grados, tanto como existen las evaluaciones y los juicios.

El ego toma el pensamiento de culpa en nuestras mentes, que es la verdadera enfermedad, y dice que el cuerpo se enferma y ahí quiere que se presente la sanación, cambia todo del nivel de la mente al nivel del cuerpo. El milagro, como oposición, regresa el problema a donde comenzó, y afirma que no es el cuerpo el que está enfermo, es la mente la que lo está. El Curso es muy enfático al respecto: no hay nada que esté enfermo en el cuerpo porque éste no hace absolutamente nada, es un ente neutral, así que es la mente la que tenemos que sanar.

La enfermedad de la mente es la separación, y el Espíritu Santo nos ayuda a que entendamos que si solo dejamos de pensar que somos culpables y pecadores podremos regresar a la Unidad, y bueno, al final del día también es aceptar que algo estamos aprendiendo a través de nuestra enfermedad, la que deja de ser el obstáculo para recuperar nuestra paz.


Al sanar los pensamientos que obstruyen nuestra paz podemos apoyar a otros a sanarse, si ese otro lo pide y acepta, y esto es porque nosotros mismos somos un milagro, Dios nos Creó capaces de co-crear con Él.
Lo que hace el Espíritu Santo es ayudarnos a sanar la causa que enfermó al cuerpo al ayudarnos a cambiar de pensamiento acerca de esa culpa que elegimos. Esta es una distinción muy importante que debemos recordar, de modo que no caigamos en la trampa de pedir la ayuda del Espíritu Santo para algo en el mundo material porque El no hace cosas en el mundo irreal, Él lo hace en nuestras mentes.

No hay mundo. Creer que el Espíritu Santo opera en el mundo es hacerlo a Él tan demente como estamos nosotros: hacer que Él vea un problema donde no existe.


Estoy aquí únicamente para ser útil.
Estoy aquí en representación de Aquel que me envió.
No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni por lo que debo hacer, pues Aquel que me envió me guiará.
Me siento satisfecho de estar dondequiera que Él desee, porque sé que Él estará allí conmigo.
Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar.
(Un Curso de Milagros. T-2.V.18:2-6)

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