“Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación.”
“Los milagros curan porque suplen una falta; los obran aquellos que temporalmente tienen más para aquellos que temporalmente tienen menos.” (T. 1.I.7-8)
Lo único que tenemos que purificar (sanar) es nuestra mente, la parte desde la que se generan los pensamientos, y el único pensamiento que hay que purificar es el de la culpa, que al ser ésta de todos es la misma purificación. También requerimos entender que el milagro no es algo que alguien hace por otro, es algo que cada uno necesita hacer. Se trata de purificar precisamente los impedimentos al milagro, en erradicar los obstáculos para reconocer la presencia del amor. Purificamos los pensamientos de separación, de culpa y vergüenza. No se purifica el cuerpo porque éste no toma decisiones, ni puede estar impuro, o ser profano, pero nos podemos confundir sobre esto porque las connotaciones que conocemos ligadas al judaísmo y cristianismo ambas lo manejan a nivel corporal. Como quien toma decisiones es la mente, es ésta la que requiere ser purificada.
La falta de la que se nos habla va relacionada con el pensamiento de escasez que genera la culpa que nos dice que no merecemos, lo que es una visión del ego, ya que hace una división de que unos merecen más que otros, lo cual es falso. Lo que realmente presenta el Curso es que el milagro corrige la percepción errónea de que algo nos falta, ya que Dios nos ha dado todo para ser felices y esa es Su Voluntad para Su Hijo. Y cuando expone que permite a los que tiene más curar a los que tienen menos, se refiere a que los que van corrigiendo su percepción pueden apoyar a quienes aún no lo han hecho, y por eso es temporal, porque el apoyo permanecerá solo hasta que nuestro hermano corrija la suya, elija el perdón y el amor en lugar del resentimiento y el odio, y se mueva del miedo al amor. En una palabra elija al Espíritu Santo en lugar del ego.
Estoy aquí únicamente para ser útil.
Estoy aquí en representación de Aquel que me envió.
No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni
por lo que debo hacer, pues Aquel que me envió me guiará.
Me siento satisfecho de estar dondequiera que Él desee,
porque sé que Él estará allí conmigo.
Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar.
(T. 2.V.18: 2-6)
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