Cuentan que un hombre se encontraba perdido en el bosque durante muchos días y su provisión de agua y alimento estaba por terminarse. Cada hora que pasaba se sentía más desesperado y temeroso.
Se hallaba completamente agotado, pero no podía quedarse dormido. Lentamente, se dio cuenta de que había caminado en círculos y siempre regresaba al mismo lugar. Sabía que su fin se acercaba.
De repente, a lo lejos, notó cómo se acercaba la figura de otro errante maltrecho. Se llenó de dicha al pensar: “Por fin un camino fuera de este oscuro y terrible bosque”. El hombre juntó las fuerzas que le quedaban y corrió hacia el extraño mientras gritaba: “¡Hermano, no puedo decirte lo feliz que me hace encontrarte! ¿Cuál es el camino para salir de aquí?”
El extraño le respondió: “Amigo, lamento decepcionarte, pero también yo he estado perdido durante días por este bosque. No puedo salvarte, yo también estoy buscando el camino para salir de aquí”.
Desesperado, el primer hombre clamó: “Entonces todo está perdido. Es el fin. No tiene caso continuar”, y cayó de rodillas llorando. El extraño respondió con voz consoladora: “Amigo, ¿por qué pierdes la esperanza? Caminemos juntos. Yo te mostraré los senderos que he seguido y no me llevaron a ninguna parte, y tú me mostrarás los senderos que tú has tomado y que no te llevaron a tu destino. Caminemos juntos y encontremos un sendero que nos conduzca a casa.

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