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El pecado no existe: La creación no ha cambiado.

El pecado no existe. La creación no ha cambiado. (5:5-6)


Recordar nuestra Fuente nos dice esto. El “pecado” es únicamente un juego de niños que nos hemos inventado, y que no ha tenido ningún efecto en absoluto en la creación de Dios. Es un juego que jugamos sólo en nuestra imaginación, no ha cambiado nuestra Realidad ni una pizca. La “Caída” nunca sucedió. No hay nada por lo que expiar o pagar. La puerta del Cielo está abierta de par en par para darnos la bienvenida.

Todo lo que tenemos que hacer es dejar de imaginar este juego de niños. Todo lo que tenemos que hacer es dejar de imaginar que la culpa, ya sea la nuestra o la de otro, nos sirve para algo, y abandonarla. Nos aferramos a la culpa y al pecado sólo para mantener nuestra ilusión de separación. ¿Se merecen (la culpa y el pecado) el precio que pagamos por ellos? Cuando abandonamos el pecado, la separación desaparece, y se nos restaura el Cielo.

¿Deseas aún seguir demorando tu regreso al Cielo? ¿Hasta cuándo, santo Hijo de Dios, vas a seguir demorándote, hasta cuándo? (5:7-8).

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Sólo con que mantuvieras este pensamiento fijo en la mente, el mundo se salvaría. Lo repetiremos de vez en cuando, según vayamos alcanzando nuevos niveles en nuestro aprendizaje. Y a medida que avances tendrá cada vez más significado para ti. Estas palabras son sagradas, pues son las palabras que Dios dio como respuesta al mundo que tú construiste. Con ellas éste desaparece, y todo lo que se ve en sus brumosas nubes y vanas ilusiones se desvanece cuando se pronuncian estas palabras, pues proceden de Dios. He aquí la Palabra mediante la cual el Hijo se convirtió en la felicidad de Su Padre, en Su Amor y en Su Compleción. He aquí donde se proclama la Creación y donde se La honra tal como es. No hay sueño que estas palabras no disipen; no hay pensamiento de pecado o ilusión en dicho sueño que no se desvanezca ante su poder. Estas palabras son la trompeta del despertar que resuena por todo el mundo. Los muertos despiertan en respuesta a su llamada. Y los que viven y oyen este sonido nunca ...