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Que recuerde que el pecado no existe.

 

1. El pecado es el único pensamiento que hace que el objetivo de alcanzar a Dios parezca irrealizable. 2¿Qué otra cosa podría impe­dirnos ver lo obvio, o hacer que lo que es extraño y distorsionado parezca más claro? 3¿Qué otra cosa sino el pecado nos incita al ataque? 4¿Qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente de la culpabilidad y exigir castigo y sufrimiento? 5¿Y qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente del miedo, al eclipsar la creación de Dios y conferirle al amor los atributos del miedo y del ataque?

2. Padre, hoy no quiero ser presa de la locura. 2No tendré miedo del amor ni buscaré refugio en su opuesto. 3Pues el amor no puede tener opuestos. 4Tú eres la Fuente de todo lo que existe. 5Y todo lo que existe sigue estando Contigo, así como Tú con ello.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

El concepto de pecado incluye la idea de que lo que yo he hecho o pensado o dicho, ha alterado lo que yo soy de manera que no se puede reparar. Pensamos en el pecado no como una mancha de polvo sobre una superficie limpia, sino como una especie de podredumbre seca que se ha establecido en la estructura de nuestro ser.

Cuando Jesús dice que no existe el pecado, está diciendo que nuestras ideas están equivocadas. Nada de lo que hemos hecho ha alterado lo que somos de ninguna manera. La superficie sigue estando sin alterar, y puede limpiarse de manera sencilla. Estamos creados con una capa mental protectora sorprendente. Por debajo de las capas de suciedad, seguimos siendo el santo Hijo de Dios.

Si pensamos en el pecado como lo hacemos normalmente, el objetivo de alcanzar a Dios sigue siendo inalcanzable (1:1). Si lo vemos como Jesús lo ve, podemos ver que el objetivo ya se ha logrado, no es algo a alcanzar, sino algo para celebrar.

Cuando vemos el pecado en otro como podredumbre seca, nos sentimos justificados por nuestros ataques (1:3). Cuando lo vemos como manchas sobre la superficie, nuestro amor responde con un deseo de limpiar la superficie de la mente de nuestro hermano para que muestre la belleza escondida en la suciedad.

Todos somos conscientes de algunos patrones de hábitos de ataques a nosotros mismos. Todos ellos proceden de la sensación de que meremos castigo y sufrimiento porque somos culpables (1:4).No nos meremos la salud, la felicidad y la dicha continua. Pensamos que lo malo está en nosotros, en lugar de estar sobre nosotros.

Cuando hayamos aceptado completamente la verdad de nuestra inocencia, habremos abierto el camino a la abundancia y salud completas. El universo se levanta para apoyarnos, lo bueno fluye continuamente en nuestro camino, pero continuamente lo impedimos porque sin darnos cuenta de ello, pensamos que no nos lo merecemos. Todo esto surge de la creencia en el pecado.

El pecado nos hace tenerle miedo al amor (2:2). Tener miedo al amor es demencial, pero “el pecado es demencia” (L.pII.4.1:1). Si Dios es la Fuente de todo lo que existe, entonces todo lo que existe tiene que ser amor; no puede haber opuestos, ni miedo ni pecado (2:4-5). Recordar que no existe el pecado es aceptar nuestra propia perfecta inocencia, y la perfecta inocencia de todo lo que existe. Y todas las pruebas que vemos que muestran lo contrario es una ilusión inventada por nuestra propia mente.


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