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Lección del día 257 Que no me olvide de mi propósito

 “Que no me olvide de mi propósito”. Que no me pierda, ni me entierren de nuevo las ilusiones. Necesito oír esto a menudo, cada rato, para que no me coma la actividad del día. Oír esto me centra y me separa por un instante del miedo. Como si me dijera, -escucha: no eres de aquí, éstas no son tus necesidades, estás distraído, confundido con otro que sufre-. Sí, necesito recordarlo; “Que no me olvide de mi propósito”. -Como un ancla a la realidad, para no entretenerme en tonterías, para despertar del dolor, de los desencuentros... de mis ilusiones. No tengo otro propósito que el de reconocerme-. Si te olvidas de tu objetivo no podrás sino estar confundido e inseguro acerca de quién eres, y así, tus acciones no podrán sino ser conflictivas”. -Que es justo lo que me ocurre, y mi tiempo transcurre en resolver esas calamidades que provoca mi olvido-.

            “No puedes estar al servicio de objetivos con­tradictorios, y servirlos bien”. -Me recuerda explicándome mi desconcierto-. “Tampoco puedes desenvolverte sin que se abata sobre ti una profunda angustia y depresión”. -A veces, cuando no sé lo que realmente quiero, me agoto-. “Resuelve hoy, por lo tanto, recordar lo que quieres realmente, para así unificar tus pensamientos y acciones de manera que tengan sentido y para llevar a cabo únicamente lo que Dios quiere que hagas este día”. -Estoy dispuesto-.

            “Padre, el perdón es el medio que Tú has elegido para mi salva­ción. No permitas que me olvide hoy de que no tengo otra volun­tad que la Tuya. Y así, mi propósito tiene asimismo que ser el Tuyo si quiero alcanzar la paz que Tú has dispuesto para mí”. -Amparado por Tu Voluntad, anclado en Ella-.

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