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Dios es mi vida. No tengo otra vida que la Suya.

Dios es mi vida. No tengo otra vida que la Suya.


1. Estaba equivocado cuando pensaba que vivía separado de Dios, que era una entidad aparte que se movía por su cuenta, desvinculada y encasillada en un cuerpo. 2Ahora sé que mi vida es la de Dios, que no tengo otro hogar y que no existo aparte de Él. 3Él no tiene Pensamientos que no sean parte de mí, y yo no tengo ningún pensamiento que no sea de Él.

2. Padre nuestro, permítenos contemplar la faz de Cristo en lugar de nuestros errores. 2Pues nosotros que somos Tu santo Hijo somos incapa­ces de pecar. 3Queremos contemplar nuestra inocencia, pues la culpabilidad proclama que no somos Tu Hijo. 4no queremos seguir relegándote al olvido, 5pues nos sentimos solos aquí y anhelamos estar en el Cielo, que es nuestro hogar. 6Queremos regresar hoy. 7Nuestro Nombre es el Tuyo, y reconocemos que somos Tu Hijo.

Comentario
Nuestro único error es creer que tenemos una vida aparte de Dios. No es cierto. Dios es Vida. Dios es Ser. Él es Existencia. Él creó todo lo que existe, y no hay nada aparte de Él. “Nada puede estar separado de Él y vivir” (L.156.2:9). “No existo aparte de Él (1:2).
He pasado la mayor parte de mi tiempo aquí en la tierra pensando que yo era alguien o algo separado de Dios. La mayor parte de mi búsqueda espiritual ha sido una lucha por “volver a Dios”, como si Él estuviera increíblemente lejos de mí. Él no está lejos. Él no es Algo separado de mi Ser. “No tengo otra vida que la Suya” (título de la lección). Hay una bendición que se usa a menudo en las iglesias de la Unidad que termina con las palabras: “Dondequiera que yo estoy, está Dios”. Sí. Mi vida es la vida de Dios. Mis pensamientos son los Pensamientos de Dios. No hay que ir a ningún sitio. No hay que hacer nada para encontrarle, Él está aquí. Él está conmigo. Él es mi vida. Si vivo, formo parte de Dios.

Hay un bendito alivio cuando nos damos cuenta de nuestra unidad con Dios. Toda la dura lucha, toda la inútil nostalgia, toda la sensación del sufrimiento de estar fuera investigando, todo eso termina. Un pensamiento de puro gozo llena nuestra mente. A veces rebosa de risas, una cierta diversión compasiva por la ridícula idea con la que nos hemos atormentado, de que podíamos estar separados de Él, de algún modo. ¿Puede el rayo de sol estar separado del sol? ¿Puede una idea estar separada de la mente que la piensa? 


Y así volvemos de nuevo al centro tranquilo y silencioso dentro de nosotros, donde todo se sabe. Pedimos “contemplar la faz de Cristo en lugar de nuestros errores” (2:1). Afirmamos que ya no queremos perdernos más en el olvido. Afirmamos claramente que queremos abandonar nuestra soledad y encontrarnos a nosotros mismos, tal como siempre hemos estado: en el Hogar. Y en la quietud, Dios nos habla, y nos dice que somos Su Hijo.

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