Padre, Tu Mente creó todo cuanto existe, Tu Espíritu se adentró en ello y Tu Amor le infundió Vida. 2¿Y voy yo acaso a contemplar lo que Tú creaste como si en ello pudiera anidar el pecado? 3No quiero percibir imágenes tan tenebrosas y atemorizantes. 4Es imposible que yo pueda preferir el sueño de un loco a toda la hermosura con la que Tú bendijiste la Creación; a toda su pureza y dicha, así como a su eterna y serena morada en Ti.
Y
mientras todavía nos encontremos ante las puertas del Cielo, contemplemos todo
cuanto veamos a través de una visión santa y de los ojos de Cristo. 2Que
todas las apariencias nos parezcan puras para que con inocencia podamos
pasarlas de largo y dirigirnos juntos a la casa de nuestro Padre como hermanos
y como los santos Hijos de Dios que somos.
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