Reflexionemos este texto junto con la lección 330
El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. No importa cuál sea la forma del ataque, eso sigue siendo verdad. No importa quién desempeñe el papel de enemigo y quién el de agresor, eso sigue siendo verdad. No importa cuál parezca ser la causa de cualquier dolor o sufrimiento que sientas, eso sigue siendo verdad. Pues no reaccionarías en absoluto ante las figuras de un sueño si supieses que eres tú el que lo está soñando. No importa cuán odiosas y cuán depravadas sean, no podrían tener efectos sobre ti a no ser que no te dieses cuenta de que se trata tan sólo de tu propio sueño. (T.27.VIII.10:1-6)
El sueño malvado procede de una falsa imagen de mí mismo como algo diferente a lo que Dios creó. Todavía creo que soy capaz de pecar y de sufrir. Debido a que creo eso de mí mismo, también lo creo de los demás, y proyecto mi creencia sobre ellos. Proyecto la ilusión de mis pecados y mi culpa sobre ellos. Cada vez que veo pecado o debilidad en un hermano, es sólo el reflejo de mis propios pensamientos acerca de mí mismo. Es “tu sueño” lo que estás viendo. No estás viendo nada real, sino una ilusión maestra y casi perfecta proyectada desde tu mente increíblemente poderosa. Es la imagen proyectada de tus propios pensamientos sobre ti mismo que te está “haciendo daño”
.
Si pienso que soy débil, si pienso que mi vida es un desastre, no estoy viendo mi verdadera Identidad. Nada de esto está sucediendo realmente. Estoy viviendo un mal sueño, un sueño sobre mí mismo. (Sin embargo, importa como reflejo de mi estado mental, ver T.2.In.1:1-5).
Se nos está salvando “de lo que creíamos ser” (2:3), y el camino a la liberación es entender que “la vida es un sueño”, como dice el viejo dicho. El camino hacia la liberación es perdonar. Entender que cuando pienso que veo algo que merece mi juicio y condena, de algún modo distorsionado, todo lo que estoy viendo son mis propios pensamientos proyectados fuera. Y, en ese momento, elegir pensar de manera diferente. Ver que la situación que pensaba que justificaba mi ira se convierte en una situación que justifica mi amor. “Éste es un pobre hermano, confundido como yo, que se ha olvidado de su verdadera Identidad con Dios. Le veo como culpable porque estoy proyectando mi propia culpa. Elijo no aumentar su ilusión transmitiéndole culpa. En lugar de eso, elijo dirigirle mi amor para que pueda despertar, como yo he empezado a hacerlo”. Y al hacer esto, sé que me estoy dando amor a mí mismo, estoy contribuyendo a mi propio despertar.
Comentarios
Publicar un comentario
Aquí estoy para responder a tus dudas y comentarios.
Qué puedo hacer por ti?