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Elijo ver la impecabilidad de mi hermano





Esto continúa el pensamiento de la lección de ayer acerca de decidir y elegir. Ayer leímos acerca de elegir seguir la Voz de Dios, y contemplar la inocencia de nuestros hermanos.


Hoy leemos:
Perdonar es una elección. Nunca veo a mi hermano tal como es, pues eso está mucho más allá de la percepción. Lo que veo en él es simplemente lo que deseo ver, pues eso es lo que quiero que sea verdad. (1:1-3)

En otras palabras, lo que vemos procede de las elecciones que hemos hecho acerca de lo que queremos ver.


El Texto habla de “La Decisión a favor de la Inocencia” (T.14.III). Dice (ver el párrafo 4 de esa sección) que tenemos que tomar la decisión de ver la inocencia y no la culpa. Si tomamos esa decisión, eso es lo que veremos.
Es sorprendente que se nos diga que nunca vemos a nuestros hermanos como son (1:2). Ver o percibir (que es una forma dualista de conocer, en la que uno se ve separado de lo que está viendo) no puede darse cuenta de la realidad de lo que somos.


Lo que vemos siempre es un símbolo, una representación imperfecta. No es extraño que sea tal fácil que la percepción sea errónea.
La percepción errónea en cuanto a culpa e inocencia sucede así: Veo culpa en mí, quiero librarme de ella, así que la proyecto sobre mi hermano.


Le veo culpable porque quiero y lo he elegido. Pienso que esto me liberará de la culpa.
La corrección de la percepción sucede a la inversa: Me doy cuenta de que no estoy en paz y, por lo tanto, debo haber decidido de manera equivocada. Decido ver la inocencia de mi hermano. Cuando he tomado esa decisión de verdad, veré su inocencia. Ésta es una ley: “ves lo que crees que está ahí, y crees que está ahí porque quieres que lo esté” (T.25.III.1:3). “Cuando lo único que desees sea amor no verás nada más” (T.12.VII.8:1).

Lo que vemos siempre es lo que elegimos ver porque queremos verlo. “A eso es a lo único que respondo, por mucho que parezca que es a los acontecimientos externos” (1:4).


El Curso es consciente de que el modo en que describe la percepción no es como nos parece a nosotros. Estamos completamente convencidos de que estamos viendo lo que estamos viendo porque asI es como es.


Creemos que son los acontecimientos de fuera de nosotros los que nos imponen esta percepción. Cuando vemos a alguien como culpable, no es porque estamos eligiendo verlo de ese modo, ¡es culpable! Pensamos que estamos viendo sólo lo que es verdad. El Curso oye nuestras protestas y responde: “Por mucho que te parezca así, estás equivocado, estás respondiendo únicamente a lo que quieres ver, no a lo que está ahí realmente.

“Perdonar es una elección” (1:1). Podemos ver a nuestro hermano como culpable o inocente, y la elección es 100% cosa tuya, no tiene nada que ver con lo que hizo o no.

Estar dispuesto a ver a mi hermano como inocente es señal de que estoy dispuesto a verme a mí mismo como inocente (1:6-7). Estar dispuesto a ver a mi hermano como inocente me demuestra que he empezado a abandonar la culpa en mi mente, que era lo que causaba mi deseo de verle como culpable.

Vernos unos a otros inocentes, vernos unos a otros sin pecado, nos trae el recuerdo de Dios (2:1). Hay una fórmula que está a lo largo de todo el Curso: Primero vemos el rostro de Cristo (la inocencia) unos en otros, luego recordamos a Dios. “En él encuentro mi Ser, y en Tu Hijo encuentro asimismo el recuerdo de Ti” (2:3). Por eso, si quiero recordar a Dios, ¿qué puedo hacer? Elegir ver a mi hermano como inocente en lugar de culpable. Encontramos el camino a Dios a través de nuestros hermanos.

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